Sin palabras
lunes, febrero 12, 2007
jueves, febrero 08, 2007
El seminarista de los ojos negros
EL SEMINARISTA DE LOS OJOS NEGROS
Desde la ventana de un casucho viejo
abierta en verano, cerrada en invierno
por vidrios verdosos y plomos espesos,
una salmantina de rubio cabello
y ojos que parecen pedazos de cielo,
mientas la costura mezcla con el rezo,
ve todas las tardes pasar en silencio
los seminaristas que van de paseo.
Baja la cabeza, sin erguir el cuerpo,
marchan en dos filas pausados y austeros,
sin más nota alegre sobre el traje negro
que la beca roja que ciñe su cuello,
y que por la espalda casi roza el suelo.
Un seminarista, entre todos ellos,
marcha siempre erguido, con aire resuelto.
La negra sotana dibuja su cuerpo
gallardo y airoso, flexible y esbelto.
Él, solo a hurtadillas y con el recelo
de que sus miradas observen los clérigos,
desde que en la calle vislumbra a lo lejos
a la salmantina de rubio cabello
la mira muy fijo, con mirar intenso.
Y siempre que pasa le deja el recuerdo
de aquella mirada de sus ojos negros.
Monótono y tardo va pasando el tiempo
y muere el estío y el otoño luego,
y vienen las tardes plomizas de invierno.
Desde la ventana del casucho viejo
siempre sola y triste; rezando y cosiendo
una salmantina de rubio cabello
ve todas las tardes pasar en silencio
los seminaristas que van de paseo.
Pero no ve a todos: ve solo a uno de ellos,
su seminarista de los ojos negros;
cada vez que pasa gallardo y esbelto,
observa la niña que pide aquel cuerpo
marciales arreos.
Cuando en ella fija sus ojos abiertos
con vivas y audaces miradas de fuego,
parece decirla: —¡Te quiero!, ¡te quiero!,
¡Yo no he de ser cura, yo no puedo serlo!
¡Si yo no soy tuyo, me muero, me muero!
A la niña entonces se le oprime el pecho,
la labor suspende y olvida los rezos,
y ya vive sólo en su pensamiento
el seminarista de los ojos negros.
En una lluviosa mañana de inverno
la niña que alegre saltaba del lecho,
oyó tristes cánticos y fúnebres rezos;
por la angosta calle pasaba un entierro.
Un seminarista sin duda era el muerto;
pues, cuatro, llevaban en hombros el féretro,
con la beca roja por cima cubierto,
y sobre la beca, el bonete negro.
Con sus voces roncas cantaban los clérigos
los seminaristas iban en silencio
siempre en dos filas hacia el cementerio
como por las tardes al ir de paseo.
La niña angustiada miraba el cortejo
los conoce a todos a fuerza de verlos...
tan sólo, tan sólo faltaba entre ellos...
el seminarista de los ojos negros.
Corriendo los años, pasó mucho tiempo...
y allá en la ventana del casucho viejo,
una pobre anciana de blancos cabellos,
con la tez rugosa y encorvado el cuerpo,
mientras la costura mezcla con el rezo,
ve todas las tardes pasar en silencio
los seminaristas que van de paseo.
La labor suspende, los mira, y al verlos
sus ojos azules ya tristes y muertos
vierten silenciosas lágrimas de hielo.
Sola, vieja y triste, aún guarda el recuerdo
del seminarista de los ojos negros...
lunes, febrero 05, 2007
La ultima copa

Letra y Música: Caruso-Canaro.
Eche, amigo, no mas, echeme y llene
hasta el borde la copa de champan
que esta noche de farra y de alegria
el dolor que hay en mi alma quiero ahogar.
Es la ultima farra de mi vida
de mi vida muchachos que se va...
Mejor dicho se ha ido tras de aquella
que no supo mi amor nunca apreciar.
Yo la quise, muchachos y la quiero
y jamás yo la podre olvidar...
Yo me emborracho por ella
y ella quien sabe que hara`...
Eche mozo más champan,
que todo mi dolor
bebiendo lo he de ahogar
Y si la ven
amigos, diganle
que ha sido por su amor
que mi vida ya se fue`.
Y brindemos, no mas,
la ultima copa
que, tal vez, también ella ahora estara`
ofreciendo en algun brindis su boca
y otra boca febril la besara`.
Eche amigo, no mas, echeme y llene
hasta el borde la copa de champan
que mi vida de ha ido tras de aquella
que no supo mi amor nunca apreciar.
Yo la quise, muchachos y la quiero...
(etc.)
viernes, febrero 02, 2007
Cancion del Pinar Silvina Garre
Quiero dejar todas las palomas
en el cedro de tu alma
y todo el beso en tus pies
que dejes de mirarme burlón
se que te estoy dando poco
y mucho te pediré
Se la nube sola en la pradera
sere tu querido verde y serás sombra en mi mitad
y si ves que mi verde se quema llueve tu llorosa
pena y el verde nuevo se hará
Y no te vayas un febrero
detrás de aquella bandada
azabache hasta el pinar
quiero ser también dueña del cielo
de un pinar pero es preciso
que me enseñes a volar
Hazte el sol cercano en la distancia
hazte en el recuerdo un leño
y quemate en mi interior
no quiero tener más noches frías
ni poder tan solo en sueños
despertarme junto a vos
Que tengamos alrededor nuestro
quien berre nuestros nombres
y mucha sombrar por dar
y cuando lleguemos a la tierra
unete con migo en sabia
así haremos sombra igual
Y no te vayas un febrero
detrás de aquella bandada
azabache hasta el pinar
quiero ser también dueña del cielo
de un pinar pero es preciso
que me enseñes a volar
quiero ser también dueña del cielo
de un pinar pero es preciso
que me enseñes a volar
Al video no lo hice yo lo puse para que puedan escuchar la cancion nada mas
