viernes, noviembre 15, 2013

Un informe señala las ineficiencias energéticas de las redes domésticas



Según un informe de la Natural Resources Defense Council (NRDC) y Ecova, los costos energéticos de las redes domésticas en Estados Unidos superan los U$S1000 millones al año, pero se podrían reducir un tercio con la utilización de tecnologías actualmente disponibles. Este consumo energético está en torno a los 8300 millones de kW/h de electricidad, y un problema que señala el informe es que es independiente del grado de actividad en las redes. El informe señala dos estándares que pueden ayudar a reducir el consumo energético de modems routers. Se trata de IEEE 802.3az Energy Efficient Ethernet (EEE), que permite un uso eficiente de Ethernet y 802.11e, que contempla el modo de ahorro de potencia en redes Wi-Fi. Otro elemento que puede llegar a tener un gran impacto es la ONT, el equipo de terminación de la red óptica, que consume unos 16 W de potencia, frente a los menos de 6 W de un modem ADSL. Los usuarios, además, pueden contribuir al ahorro apagando equipos cuando no los vayan a utilizar. NRDC aboga porque el uso de EEE sea obligatorio para obtener la calificación Energy Star, que ya está disponible para otros dispositivos de electrónica de consumo.

domingo, octubre 06, 2013

viernes, septiembre 20, 2013

Las tumbas de google

Como la mayoría sabrá google es una empresa con muchos y variados proyectos, pero también tiene sus muertos en el placar, va en realidad están en esta web, si quiren pasar a despedirse y dejar una flor entren!






http://www.slate.com/articles/technology/map_of_the_week/2013/03/google_reader_joins_graveyard_of_dead_google_products.html


CURIOSIDADES DEL IDIOMA ESPAÑOL

CURIOSIDADES DEL IDIOMA ESPAÑOL > > La palabra Oía tiene tres sílabas en tres letras. > > En Aristocráticos, cada letra aparece dos veces. > > El término Arte o Agua es masculino en singular y femenino en plural (cacofonía). > > En el término Centrifugados, todas las letras son diferentes y ninguna se repite. > > El vocablo Cinco tiene a su vez cinco letras, coincidencia que no se registra en ningún otro número. > > El término Corrección tiene dos letras dobles... > > Las palabras Ecuatorianos y Aeronáuticos poseen las mismas letras, pero en diferente orden. > > Con 23 letras, se ha establecido que la palabra Electroencefalografista es la más extensa de todas las aprobadas por la Real Academia Española de la Lengua. > > El término Estuve contiene cuatro letras consecutivas por orden alfabético: s-t-u-v. > > Con nueve letras, Menstrual es el vocablo más largo con solo dos sílabas. > > Mil es el único número que no tiene ni o ni e. > > La palabra Pedigüeñería tiene los cuatro firuletes que un término puede tener en nuestro idioma: la virgulilla de la ñ, la diéresis sobre la ü, la tilde del acento y el punto sobre la i. > > El vocablo Reconocer se lee lo mismo de izquierda a derecha que viceversa (palíndromo). > > La palabra Euforia tiene las cinco vocales y sólo dos consonantes..

lunes, agosto 05, 2013

viernes, junio 07, 2013

Cambian los colores... mismos sentimientos

Motorola, de Eduardo Sacheri

"lo importante no es a quién o a qué uno ama, sino el modo en que uno ama lo que ama"


Abelardo Celestino Tagliaferro dobló la esquina sin prisa. Apretó suavemente el embrague, puso la palanca de cambios en punto muerto, con las manos levemente posadas sobre el volante arrimó el auto a la vereda y lo detuvo sin brusquedad al final de la hilera de autos amarillos y negros. Apagó el motor, quitó la llave del tambor, aspiró profundamente y dirigió la mano izquierda hacia la puerta.
Sus movimientos eran metódicos, serenos. Pero para cualquiera que conociese su carácter habitualmente enérgico, impulsivo, aquellos gestos necesariamente hubiesen tenido algo artificial, algo de falso. Eran a todas luces ademanes nacidos de una reflexión profunda, concienzuda. Esos ademanes calmos que las personas adoptan en un intento de que su espíritu se contagie de esa paz y esa mansedumbre exterior de los gestos ante el mundo.
Abelardo Celestino Tagliaferro había tenido mucho tiempo para prepararse para esa mañana cargada de presagios trágicos. Cinco, seis meses tal vez. Los signos alarmantes habían empezado algo antes, digamos en noviembre. Diciembre del año anterior. El receso del verano le había hecho abrigar algunas esperanzas. Pero desde fines de febrero la situación se había tornado crecientemente tenebrosa. Para los últimos días de abril Tagliaferro había comprendido que sólo un milagro lo pondría a salvo del abismo. ¿No habían existido acaso otros milagros anteriores? Pero mayo y junio se habían consumido sin que ese milagro tuviera lugar. Semana a semana se espíritu se había ido opacando. A medida que se acercaba julio, su carácter, habitualmente expansivo, dado, campechano, se había tornado proclive a la meditación, al silencio, al ensimismamiento. A medida que los días se acortaban y los árboles de la General Paz se desnudaban en colores ocres, Tagliaferro iba convirtiéndose en una suerte de crisálida espiritual, encapsulada en melancólicas meditaciones, ajena al caos cotidiano.
Cuando no sin cierto esfuerzo bajó del taxi, vio que los hombres que frecuentaban con él la parada lo esperaban bajo el toldo del kiosco. Abiertos en un semicírculo, se pasaban el mate y le clavaban a la distancia siete pares de ojos inquisitivos. Abelardo Celestino Tagliaferro se acercó con el mentón erguido y la vista clavada en un horizonte imaginario. A cada paso su cuerpo monumental se balanceaba levemente hacia los lados. Con la campera puesta daba la impresión de ser un astronauta gigantesco caminando en la ingravidez de la Luna.
Calculó, con precisión de experto, que el primer dardo lo alcanzaría cuando pasara a la altura del lavadero automático, o no mucho después de poner un pié en la vereda de la agencia de lotería. No se equivocó.
- ¿Qué hacés acá, Gordo? Te hacíamos en la cancha
El que había hablado era Alvarez, el morocho del Gacel. “Era lógico”, pensó Tagliaferro. Pero estaba listo para ataques sencillos como ése.
- Por favor, Alvarez, no me jodás con pavadas
Habló con serenidad, como transigiendo en explicar que dos más dos son cuatro a un ignorante. Pero no pudo evitar una levísima irritación al escuchar las risitas breves de los otros, las mismas risas que envalentonaron al morocho para volver al ataque.
- ¡Te hablo en serio, Gordo¡ No podés dejar al equipo ahora, en semejante momento.
Tagliaferro suspiró mientras su expresión adquiría un cariz de angelical cansancio:
- Haceme el favor, no hablemos más de fútbol.
De nuevo el coro de risitas cómplices. Terminó de acercarse, imperturbable. Saludó con inclinaciones de cabeza y recibió alguna palmada. Como siempre, le cedieron uno de los banquitos de metal y estiraron hacia él un mate humeante. Chupó con placer, alargó la diestra hacia la bolsa engrasada de los bizcochos y se preparó para el próximo round.
- ¿Cómo que no hablemos más, Gordo? ¿No eras vos el que siempre venía insufrible los lunes cuando ganaban? Que Platense de acá, que los Calamares de allá, que el equipo del Polaco del otro lado,-algunos de los otros asentían. ¿No te cagabas de risa cada vez que perdían los grandes?
Tagliaferro volvió a suspirar y a sonreír.
- Mirá, Alvarez…, -pareció dudar en busca de las palabras adecuadas-, eso era antes… yo qué sé. A veces la vida te enseña cosas, sabés. Y me apiolé de que todo ese asunto del fútbol, viste, qué sé yo, no tiene sentido…-dejó sus palabras flotando un momento y concluyó-: No hay caso, pibe. No tiene sentido.
El morocho Alvarez era demasiado primario como para afrontar semejante despliegue de nihilismo. El Gordo sabía que el Piolín Acosta tomaría la posta con aportes algo más incisivos. El Piolín Acosta era un cincuentón larguirucho, de piel blanquísima. Había sido bautizado así por el propio Gordo. En su origen el sobrenombre era Piolín de Matambre, porque era largo, finito, blanco y ordinario. El Gordo, especialista en apodos, consideraba su hallazgo con Piolín una de sus obras maestras, y a cada uno de los nuevos en la parada se lo había ido explicando como un modo de revivir la deliciosa indignación del otro.
El ataque de Piolín fue frontal:
- Y decime, Gordo, si hoy le ganan a River, y ponele que por una de esas putas casualidades del destino se terminan salvando… ¿vas a seguir con la huevada del escepticismo?
- ¡Ahí está, ahí está¡-algunos asentían, entusiasmados en la intuición de que el alto y pálido filósofo estaba acorralando al recién llegado. El Gordo se preguntó cuántos de ellos sabían qué corchos era eso del escepticismo.
- No, Piolín, para mí el fútbol… ¿cómo te explico? Ya fue, sabés.
Esas pocas palabras le fueron brotando de a poco, mientras miraba el toldo que tenía sobre la cabeza y mientras sus manos abiertas hacia arriba describían ademanes vagos, como reforzando esa sensación de vacío metafísico que su dueño pretendía transmitir.
- ¡Dejate de joder, Gordo¡ ¡A mí no me vengás con el cuento¡ ¡Que si no estuvieran por irse a la B te tendríamos que estar bancando como si el puto cuadro ese fuera el Manchester United.
Tagliaferro volvió a considerarlo con indulgencia. Un nuevo suspiro hinchó la mole de su cuerpo agazapado en el banquito.
- No querido, te equivocás. A veces la desgracia te abre los ojos, sabés… Y si tenés neuronas te ponés a pensar.
Hizo un silencio. Los siete pares de ojos seguían cada uno de sus ademanes y los catorce oídos atendían a cada una de las inflexiones de su voz:
- Suponete que Platense va y se salva. Difícil, pero ponele que sí: ¿qué me cambia? ¿Voy a ser más rico? ¿Va a subir más gente al tacho? ¿Voy a volverme inmune a los afanos? No, loco, no me cambia nada. Y ponele que hoy se va al descenso: ¿qué pierdo, hermano? No hay vuelta, loco. El fulvo es una mentira, sabés. ¿O ustedes piensan que a esos turros de los jugadores les importa algo? No, padre, los tipos cobran y se van. ¿Quién se queda como un boludo parado en la popular? ¿Vos o ellos? ¿Y los dirigentes? ¿Vos te pensás que les calienta algo? ¡ Si son una manga de chorros ¡
Hizo una pausa para tomar otro mate y para que su discurso penetrase mejor en las mentes de sus amigos. Volvió al ataque:
- El fútbol está armado para que ganen los grandes, nada más. Es un negocio, pibe. Es todo un circo que vive de los giles como ustedes. A ver, mirá los goles el domingo. ¿Alguno de ustedes sigue siendo tan nabo de mirar los goles? –Los otros asintieron- ¿Ves que la Argentina es una país de boludos? Todos ahí como giles, comiéndose sesenta mil propagandas… ¿Para qué? ¿Para ver a esos maricones que le van de héroes y que a la primera de cambio cuando les ponen dos mangos sobre la mesa se van a jugar a Europa? ¡ Por favor, muchachos, no jodamos ¡
Cada vez más enardecido, siguió:
- A ver vos, García-el aludido lo miró atentamente-, vos sos hincha de Gimnasia: si no juegan con River o Boca ¿cuántos minutos te pasan del partido? ¿Uno? ¿Uno y medio? Y vos, Martínez: ¿no me contaste que para ver los goles de Colón los grabás y después los ves cincuenta veces y te hacés el bocho de que viste el partido entero?- El otro asintió- ¿Ven lo que digo? Entiendanló, el fulbo no sirve para nada. ¡Para nada ¡ O vos, Pasos, que sos de River… ¿te volvió un tipo feliz que hayan ganado tres campeonatos al hilo? – Los ojos grises de Pasos se entornaron en un gesto suave que era también de infinita tristeza- Es todo verso, es todo mentira…
Y como si fuera el resumen de su discurso, reiteró:
- Todo mentira, no hay vuelta.
Tagliaferro calló. Los demás se pasaban el mate en silencio. Algunos miraban para cualquier lado para que los otros no vieran las huellas de la turbación que les había sembrado. El Gordo advirtió, aliviado, que había conseguido el milagro de que se pusieran a hablar de otra cosa. El podía tener mucho autocontrol y todo lo que quisieran. Pero tampoco era de fierro, qué tanto.
Los otros se fueron yendo, en una mañana dominguera extrañamente movida. Cuando llegó el turno de Tagliaferro, le alargó el mate al que cebaba y se puso de pié con dificultad. Una mujer algo mayor se acercaba presurosa a la parada.
- Necesito ir a Luján, muchacho. A la basílica.
Cuando la mujer se acomodó atrás y él encendió el motor, su espíritu comenzó a poblarse de sensaciones confusas. La señora tenía aspecto de abuelita de libro de cuentos. Tagliaferro se mordió el labio inferior mientras dudaba en hacer la pregunta que se le había ocurrido. Finalmente se decidió:
- ¿Le molesta si enciendo la radio, señora?
- No, muchacho, para nada.
Apenas formuló la pregunta se arrepintió de haberla hecho. ¿Por qué había salido con eso? ¿Qué razón había para encender la radio? Ninguna, Gordo, ninguna, se amonestó.
La radio era un cachivache vetusto que no tenía nada que ver con el Renault 19 hecho un chiche de Tagliaferro. Era un artefacto antiguo que había pertenecido originalmente a un Siam Di Tella que en los años sesenta le había permitido a Tagliaferro parar la olla en su casa cuando lo habían echado de la empresa. En los setenta había cambiado el Siam por un Dodge. Después por un Peugeot y por un Senda. Pero la radio siempre había sido la misma. Era uno de esos ejemplares con dos perillas a los lados que sólo funcionaban en amplitud modulada y que tienen una serie de teclas negras debajo del visor para cambiar velozmente de lugar en el dial. Adaptarla al tablero del Renault había sido complicado, y en el taller lo habían mirado como si estuviese totalmente pirado. Pero a Tagliaferro le importaba un cuerno. La radio, esa radio, era para él un talismán infalible, un salvoconducto, un pasaporte para un retorno pacífico a su casa y a los suyos. Y otra cosa: con esa radio había escuchado al Calamar salvarse de todos los descensos.
Pero ese viaje a Luján parecía una señal venida de los infiernos. Porque el aparato tenía un inconveniente (en realidad tenía varios, pero existía uno verdaderamente delicado): por alguna extraña razón que Tagliaferro no había logrado determinar, la radio callaba indefectiblemente apenas salía un par de kilómetros de la Capital. Cuando traspasaba la General Paz comenzaban las interferencias. Y veinte cuadras más allá lo único que salía del receptor era el sonido propio de una sartenada de papas fritas a medio cocinar.
Haciendo un cálculo sencillo, entre la ida y la vuelta se iba a perder el partido completo, que ya debía estar empezando. Podía escuchar los primeros minutos, sí, hasta que saliera de la autopista en Liniers, pero, ¿y después? Tagliaferro detuvo en seco la sucesión de sus pensamientos. ¿Qué estaba haciendo? ¿No era cierto todo lo que acababa de decir? ¿No eran esas frases que acababa de pronunciar frente a sus amigos la rotunda verdad a la que había llegado luego de dos meses de exploración interior, de introspección dolorosa, de disciplina moral? ¡Seguro que lo era¡ De modo que Tagliaferro, apenas encendió la radio, sintonizó una emisora de tangos que se extinguió poco más allá de Ciudadela. Sufrir por un motivo tan pedestre, qué barbaridad, se dijo. Se recordó a sí mismo en tantos domingos de amarguras. ¿No habían sido infinitamente más abundantes que las inusuales jornadas de triunfo?
A la altura de Morón apagó la radio, que ya estaba en plena fritanga. Parece mentira, qué rápido se va por la autopista, se dijo. Al ver que estaba a la altura de Morón lo cruzó una noción sombría: Platense volvería a jugar aquí después de varias décadas en primera. Sacudió la cabeza. Disciplina, Gordo, disciplina, se repitió. Pero sus labios empezaron a musitar una letanía que a cualquier sacerdote le hubiese resultado extraña: Tigre, All Boys, Brown, Los Andes. Su ánimo ya era definitivamente sombrío. De pronto el pánico lo cruzó en varias oleadas sucesivas: San Telmo, Lamadrid, J.J.Urquiza. ¿Y si no era una, sino dos o tres categorías perdidas al hilo?
Intentó reaccionar. ¿Y a mí qué carajo me importa? Supuso que había sido un grito íntimo, pero se dio cuenta de que algo del alarido interno se le había escapado porque la señora le miraba con un poco de temor y los ojos muy abiertos. El Gordo le sonrió con dulzura por el espejo y después clavó los ojos en la ruta.
Moreno: la autopista se redujo a dos carriles. Y por esto te cobran peaje, los muy turros, pensó. La pasajera iba ensimismada contemplando el paisaje por la ventanilla. ¡La ventanilla¡ se dijo. En invierno o en verano, él iba con la ventanilla del conductor baja, salvo que el pasajero le pidiera lo contrario. ¿Y si probaba cerrar todo el auto, a ver si la radio emitía al menos un susurro? Corrió el codo y cerró. Encendió el catafalco negruzco y esperó. Acercó todo lo que pudo la oreja al receptor. El rumor de una voz era inconfundible. Tragó saliva. Subió el volumen a tope y la vocecita adquirió mayor consistencia. Tratando de no perder de vista la ruta, acercó aún más la oreja. Insultó en voz baja. Era uno de esos programas religiosos en los que el conductor repartía sanaciones radiofónicas en un castellano levemente extraño. Movió el dial hacia la derecha. Folklore. Un poco más: tango. Luego topó con el final de la banda. Inició el camino inverso. A la izquierda del pastor evangélico detectó el sonido inconfundible de un relato deportivo, pero demasiado lejano como para que se entendieran las palabras. Giró la perilla: ahí estaba el partido de Platense. Escuchó con el alma en vilo el relato de una jugada intrascendente en el medio del campo. ¡Cómo van, que digan cómo van, carajo¡, pensaba. Pero de inmediato entendía que a esa altura debía tener la expresión crispada, los ojos inyectados, la expresión tensa del hincha angustiado, y se decía que no, que de ningún modo, que no debía echar a la basura todos esos meses de autoeducación que lo habían librado al fin de su dependencia Calamar.
¿No estaba acaso hermosa la mañana? ¿No bañaba el sol, radiante, el campo y la autopista? El Gordo volvió en sí por un instante. La temperatura del taxi con todas las ventanillas cerradas y el sol cayendo a pique debía andar por los 35 grados. Tagliaferro observó a la pasajera y vio que abanicaba con una revista, mientras dos gruesos goterones de sudor le resbalaban por los lados de la cara. Estuvo a punto de bajar las ventanillas, pero se dijo que entonces perdería definitivamente cualquier esperanza de comunicación radial con el mundo. De manera que optó por encender el aire acondicionado. El fresco me va a venir bien para poner en orden las ideas, se dijo.
No te enchufes, Gordo, no te enchufes, se repetía. La cosa está perdida. No hay manera de que zafemos. Momento: ¿zafemos quiénes? ¿Acaso yo soy Platense? ¿Tenés acciones ahí, Gordo boludo? Los que se van a la B son ellos, no vos. Los que van a perder con River son ellos. Los jugadores y lo dirigentes, qué tanto. Vos sos Abelardo Celestino Tagliaferro, a sus órdenes, de profesión taxista, estado civil casado, padre de dos hijos y abuelo de tres nietos. Enterate. Lo demás es todo grupo. Para qué calentarse. Si al descenso se van a ir igual y después te vas tener que bancar a toda esa manga de palurdos de la parada, empezando por el Piolín y terminando por el negado del morocho Alvarez.
Empezaron las rotondas de Luján. Tagliaferro miró por el espejo y vio a la pasajera con las manos en los bolsillos, el gorro calzado hasta las orejas, la bufanda enrollada en tres vueltas alrededor del cuello y los lentes empañados. El Gordo notó que la temperatura había bajado unos treinta grados de un saque. Apagó el acondicionador de aire. Descartada la estrategia del encierro, optó por ventilar bien el taxi. Tal vez lograra captar algún kilohertz extraviado en el éter. El último tramo hasta la iglesia lo hizo veloz, con las cuatro ventanillas bajas y el aire como un torbellino en el interior del tacho.
Cuando paró frente a la catedral y se volvió a mirar a la pasajera, advirtió con sorpresa que el pelo de la mujer había adquirido una cierta disposición salvaje y que sus ojos no paraban de parpadear alarmados. Daba la impresión de haber encontrado un nuevo motivo para agradecer a la Virgen. Tagliaferro dio vuelta a la plaza y se dispuso a emprender el retorno. Entonces los vio. Cuatro hinchas de River, ataviados con camisetas, vinchas y banderas, venían sacudiendo los trapos y cantando a voz en cuello. El Gordo consultó su reloj. Debía estar empezando el segundo tiempo. No se atrevió a preguntarles el resultado del partido, pero la actitud festiva de los tipos lo hundió en una desesperación creciente.
Momento. ¿Qué te pasa, Gordo? Pará la moto. Pará un poquito. Que se desesperen ellos. Todos esos nabos que se sienten los dueños de las camisetas y de los clubes. Pensar que él mismo hasta hacía poco había sido uno de ellos. Y desde pibe, para colmo. Pero de más grande fue peor. El ascenso se le subió a la cabeza. Y la definición por penales con Lanús, Dios santo. Lo había ido a ver con Clarisa. Al final del partido él se había desmayado y habían tenido que sacarlo de la popular entre cinco tipos bien grandotes. Pero quién te quita lo bailado. Y el desempate con Temperley, mama mía, cómo habíamos sufrido. Cortala. Cortala, Gordo palurdo, con la primera persona del plural. ¿Ma qué “nosotros”, enfermo? Si vos seguís tan pobre como cuando vinimos de España. ¿Qué hizo Platense por vos? ¿A ver?
Al pasar el peaje no pudo evitar la tentación. Se mintió que sería la última, como esos fumadores que escatiman los puchos del primer atado que compran luego de una larga abstinencia. El cobrador estaba escuchando los partidos en la cabina. ¿Cómo va River?, preguntó. Hincha de cuadro chico, sabía que la gente no tiene ni idea si uno le pregunta por Platense, Banfield o Ferro. Decime que va perdiendo, decime que va perdiendo, pensó. “Va ganando”, informó el fulano, con cara de gallina agradecida a la vida.
Cuando se levantó la barrera se alejó de allí sintiéndose perdido, perplejo, como si la noticia lo hubiese dejando navegando en aguas desconocidas. Al pasar por Francisco Alvarez sus dedos comenzaron a tamborilear sobre el volante mientras silbaba inconscientemente, entre dientes, la melodía de un viejo estribillo que decía “Partirá, la nave partirá, donde llegará, nunca se sabrá”, o algo así. Una letra de porquería que tenía que ver con el arca de Noé. Pero, ¿por qué? Eran las 11:31. Una canción del año del pedo. Cosa rara. Abelardo Tagliaferro se derrumbó a las 11:35 cuando se dio cuenta de que lo que había estado tarareando los últimos diez kilómetros no era ninguna canción pasada de moda, sino la perpetua melodía del “No se va, Platense no se va, Platense no se va, Platense no se va”, y las lágrimas se le desbarrancaron por la mejillas en dos torrentes tibios.
Cuando entrevió que toda resistencia era inútil, y como los chicos cuando se apuestan a sí mismos que si logran determinada proeza la vida les concederá premios impresionantes ( al estilo de: si logro saltar toda la cuadra sobre el pié derecho sin trastabillar, entonces la rubiecita de la panadería gusta de mí), Tagliaferro se convenció de que si llegaba a la Capital Federal y encendía la Motorola antes de que terminara el partido, el Calamar iba a lograr dar vuelta su destino y los demás partidos se le iban a acomodar para seguir con chances.
Apretó el pie derecho contra el piso del auto y éste saltó hacia adelante a una velocidad francamente peligrosa. Era digna de verse la imagen de ese gigante que volaba aferrado con ambas manos al volante como un piloto de carrera, cuya cara bañada de lágrimas recientes se enrojecía por el esfuerzo de cantar a los alaridos un viejo estribillo con la letra cambiada. A la altura de Moreno tuvo miedo de que la promesa de llegar a tiempo para oír el final no fuese suficientemente grandiosa como para lograr el conjuro. De modo que prometió dejar de fumar a las cuatro de la tarde y para siempre. Temeroso de que los hados lo consideraran débil de espíritu, agregó la promesa de una dieta estricta que lo llevara treinta y cinco kilos debajo de su peso actual en un plazo máximo de tres meses. Mientras encendía la radio para ir ganando tiempo, y mientras volaba a la altura de Morón, las promesas se iban acumulando sobre sus espaldas. Prometió volver a misa todos los domingos. Prometió no volver a madrugarle un pasajero a ningún colega por un plazo se seis meses que luego extendió a dos años. Prometió dejar de construir fantasías eróticas con la peluquera de la vuelta. Prometió regalarle flores a Clarisa todos los viernes hasta que la muerte los separase. Estuvo a punto de prometer que no iba a joderlos más a los nietos para hacerlos de Platense, pero se contuvo a tiempo porque Dios no podía pedirle sacrificio semejante y porque supuso que ya había acumulado suficientes méritos con las promesas anteriores.
A la altura del Hospital Posadas, en Haedo, levantó el volumen de la radio hasta darle su máxima potencia. Sintonizó la emisora que siempre lo acompañaba para los partidos. Por detrás del ruido de la fritura se adivinaban voces de relato. Descolgó el rosario que llevaba anudado al retrovisor y empezó a rezar en voz alta. A la altura de Ciudadela la radio recuperó por completo sus funciones. Tagliaferro interrumpió el Ave María y entrecerró los ojos. Estaba bañado en sudor y parecía diez años más viejo que en la mañana.
Habían perdido. Habían perdido por robo. Estaban jugando el descuento, pero no había manera de remontar esa catástrofe. Las conexiones con las otras canchas hablaban de la algarabía de los cuadros que se habían salvado. En un arrebato de amargura infantil se sintió despechado porque Dios hubiese hecho caso omiso de sus promesas de regeneración absoluta. Mientras tomaba la salida de la autopista hizo un último esfuerzo para que no le importara. Se detuvo en una cuadra desierta, llena de galpones en las dos veredas. Se dijo que no podía ponerse así. Que un dolor de ese tamaño solo podía sentirse por la pérdida de un ser querido. Que no podía tirar a la basura los esfuerzos de los últimos meses. Y todavía le faltaba sobreponerse a la escenita que iban a hacerle los muchachos en la parada. Control, Gordo, control. Mejor seguir haciéndose el distante, el superado, tal vez así lo dejaran en paz. Tardo quince minutos en arrancar de nuevo rumbo a la parada.
Abelardo Celestino Tagliaferro dobló en la esquina sin prisa. Apretó suavemente el embrague, puso la palanca de cambios en punto muerto, con las manos levemente posadas sobre el volante arrimó el auto a la vereda y lo detuvo sin brusquedad al final de la hilera de autos amarillos y negros. Apagó el motor, quitó la llave del tambor, aspiró profundamente y dirigió la mano izquierda hacia la puerta.
Cuando logro incorporarse no se dirigió inmediatamente hacia la esquina. Fue a la parte trasera del taxi y abrió el baúl. Hurgó un momento bajo la caja de herramientas y encontró lo que buscaba. Desplegó la enorme tela rectangular con ademanes tiernos. Se anudó la bandera blanca con la franja central marrón en el cuello y la extendió sobre su espalda como si fuera una capa. Tanteo otra vez y encontró el gorrito tipo Piluso. Se lo plantó hasta las orejas. Cerró el baúl. Levantó los ojos hacia la esquina. Abiertos en un semicírculo los otros se pasaban el mate y le clavaban a la distancia siete pares de ojos inquisitivos.
Tagliaferro no caminó enseguida, porque acababa de entender que todos los hombres son cautivos de sus amores. Uno no entiende porque ama las cosas que ama. El intelecto no alcanza para escapar de los laberintos del afecto. Por eso es tan difícil enfrentar el dolor: porque uno puede engañarse inundando con argumentos razonables las llagas que tiene abiertas en el alma, pero lo cierto es que esas llagas no se curan ni se callan. Y por eso un hombre puede amar a una mujer que a los otros hombres les parezca funesta, o puede poner su corazón al servicio de amores que a los otros se les antojen inútiles o intrascendentes.
Abelardo Tagliaferro estiró los brazos, prendió las manos a la tela, como un extraño superhéroe excedido de peso, y supo que lo importante no es a quién o a qué uno ama, sino el modo en que uno ama lo que ama. Recién entonces camino hacia la parada.

sábado, mayo 25, 2013

Argentino hasta la muerte!


Argentino hasta la muerte

Autor: Roberto Rimoldi Fraga


Un poeta la bautizó con el nombre de Argentina. Un sol de trigo ilumina las glorias de su bandera, cuna del Chacho Varela, San Martin, Guemes, Moreno Bustos, Ramirez, Dorrego. Paladines de una raza, aquellos que a chuza y lanza su libertad defendieron. Cuando el hombre de otras tierras vio derrumbarse sus sueños, entre llantos, sangre y fuego por el horror de las guerras, mi patria que en su alma encierra la grandeza del amor, sin fijarse en el color le abrio todas sus tranqueras, sin preguntarle siquiera raza, credo o religion. Y aquel que se crea dueño de esta noble tierra gaucha, quiera ponerle su marca, debe pensarlo primero; que muchos gauchos murieron por ganar su libertad. Defender su dignidad fue principio de esos hombres que abonaron con su sangre este suelo sin igual. Por el orgullo que siento de ser hijo de esta tierra, sin rencores y sin guerras, donde se guarda respeto por el hombre y sus derechos, dignificando a lo humano. Donde no se arma la mano para matar ideales, donde flamean los trigales con un canto de esperanza. Yo quiero clavar la lanza, de este homenaje a mi pueblo, en el pecho de las guerras, y gritarle al mundo entero que aquel que tuvo la suerte de haber nacido en mi tierra, liberada por centauros, ya puede gritar bien fuerte aquellos versos ardientes de Carlos Guido y Spano: ¡Argentino, Argentino hasta la muerte!

jueves, mayo 23, 2013

Se vos!

Vamos Che, por qué dejar, 
que tus sueños se desperdicien. 
Si no sos vos, triste será. 
Si no sos vos, será muy triste. 

Por qué falsear... 
si ser uno es ganar, 
por qué engañarse y mentirse. 

Sé vos, no más, 
y al mundo salvarás, 
aunque muchos lo hagan difícil. 

Sigámosnos como hasta acá, 
prometiéndome que lo entendiste. 
Digamos fue!!...si algo anda mal. 
Cumple sus sueños quien resiste. 

Yo sé. Dirás... 
Muy duro es aguantar. 
Más quien aguanta, 
es el que existe. 

Si aquel se va... 
No llores, ni mires atrás. 
Aunque muchos te lo hagan triste Che. 

Sé vos, no más, 
y al mundo salvarás, 
¿Por qué engañarse y mentirse? 

Yo sé. Dirás muy duro es aguantar. 
Más quien aguanta es el que existe Che. 
¿Por qué falsear?... si ser uno es ganar. 
Aunque muchos lo hagan difícil. 

Si aquel se va... 
No llores, ni mires atrás. 
La vida busca instruirte Che.

miércoles, mayo 15, 2013

Fabula

Fábula China

Había una vez un campesino chino, pobre pero sabio, que trabajaba la tierra duramente con su hijo. 

Un día el hijo le dijo:
-Padre, qué desgracia! Se nos ha ido el caballo.
-Por qué le llamas desgracia? - respondiió el padre - veremos lo que trae el tiempo...
A los pocos días el caballo regresó, acompañado de otro caballo.
-Padre, qué suerte! ­exclamó esta vez ell muchacho­ Nuestro caballo ha traído otro caballo.
-Por qué le llamas suerte? - repuso el ppadre - Veamos qué nos trae el tiempo.

En unos cuantos días más, el muchacho quiso montar el caballo nuevo, y éste, no acostumbrado al jinete, se encabritó y lo arrojó al suelo. El muchacho se quebró una pierna.
-Padre, qué desgracia! - exclamó ahora eel muchacho -.
Me he quebrado la pierna!
Y el padre, retomando su experiencia y sabiduría, sentenció:
-Por qué le llamas desgracia? Veamos lo que trae el tiempo!

El muchacho no se convencía de la filosofía del padre, sino que gimoteaba en su cama. Pocos días después pasaron por la aldea los enviados del rey, buscando jóvenes para llevárselos a la guerra. Vinieron a la casa del anciano, pero como vieron al joven con su pierna entablillada, lo dejaron y siguieron de largo.

El joven comprendió entonces que nunca hay que dar ni la desgracia ni la fortuna como absolutas, sino que siempre hay que darle tiempo al tiempo, para ver si algo es malo o bueno.

La moraleja de este antiguo consejo chino es que la vida da tantas vueltas, y es tan paradójico su desarrollo, que lo malo se hace bueno, y lo bueno, malo. Lo mejor es esperar siempre el día de mañana, pero sobre todo confiar en DIOS, porque todo sucede con un propósito positivo para nuestras vidas..... 

viernes, mayo 03, 2013

ME DEJO HABLANDO SOLO

http://www.youtube.com/watch?v=rbA-EC7hy4w&feature=share&list=PL190EDB957C71EA66

Nosotros nos tenemos que joder corazón, 
Por locos, por ingenuos, por prestar el carnet... 
Por negociar las reglas de la revolución 
Por cobrar en paga dios cuando dios quiebra 

Nosotros nos tenemos que matar corazón 
Por necios, porque si, por aprender a perder 
Por no llevar campera cuando afuera cambio 
Por tararear la canción con las que nos entierran 

Nosotros nos tenemos que reír corazón 
Por feos, por ilusos, por borrar el cassette 
Por desechar la caja junto con el manual 
Por no aprender a bailar y por quemar el mantel 

Nosotros nos tenemos que extinguir corazón 
Por freaks, por desplazados, por firmar sin leer 
Por ver que esta vencido siempre por la mitad 
Y por salir a comprar justo cuando hay que vender 

Nosotros nos tenemos que olvidar corazón 
Por vagos, por hablar hasta enfriar el café 
Por explicar mil veces lo que ya no es así 
Por implantarnos un chip y por tratarlos de usted 

Nosotros nos tenemos que callar corazón 
Por pobres por contar ovejas para dormir 
Por levantar el tubo a la primer soledad 
Por recortar y pegar caras de la "Para ti" 

Nosotros nos tenemos que esconder corazón 
Por lentos, por enfermos, por matar al rehén 
Por tropezar mil veces con el mismo escalón 
Por no prestar atención cuando anunciaban el tren 

Nosotros nos tenemos que comer el garrón 
Por raros, por boludos, por soñar y apostar 
Por entender la moda cuando ya termino 
Por insolventes y por buscar la otra mitad 

Nosotros nos tenemos que rendir corazón 
Por obses, por insomnes, por volcar el fernet 
Por dar vergüenza ajena, por contar el final 
Y por quererle sacar fotos al atardecer 

Nosotros nos tenemos que inmolar corazón 
Por pocos, por apatrias, por hablarle al reloj 
Por ser esclavos de lo que se pudo decir 
Por no animarse a aplaudir cuando aterriza el avión 

Nosotros nos tenemos que fundir corazón 
Por hippies, por cornudos, por pagar alquiler 
Por no aprender a registrar las putas ideas 
Por empezar las peleas y por morirnos de pie 

Nosotros nos tenemos que entregar corazón 
Por extras, por quemados, por cambiar el pasado 
Por caminar en círculos desde el primer paso 
Por asustar al payaso y por seguir el papel...

LAS HORAS PERDIDAS


Que pena 
las horas perdidas, que dimos de ventaja 
las copas vacias, mentiras sin barajas, 
que tus cosas, que las mias, 
y al fin llevarnos nada. 

Que pena 
los pasos en vano, 
dejandonos de lado los bares abiertos que no nos acordamos 
las lluvias sin chapas, los mapas alambrados. 

Pero, que pena 
las azucenas en la ventana 
que pena todo, que pena nada, 
que pena el oro que no brillaba 
lo que queriamos ser de grandes 
lo que volvimos enloquecidos 
tan negociables. 

Que pena 
las noches aquellas, mirando las estrellas 
siguiendo las huellas, de una riqueza absurda, 
que pena, no haber nunca perdido la cabeza, 

Que pena 
los dias gastados 
a cuenta del futuro, 
tomandonos puro el vino rebajado 
que pena haber fallado, estando tan seguros. 

Pero, que pena 
las azucenas en la ventana 
que pena todo, que pena nada, 
que pena el oro que no brillaba 
lo que queriamos ser de grandes 
lo que volvimos enloquecidos 
tan negociables. 

Que pena 
los cinco minutos, que nunca nos tomamos 
hoteles de paso, por los que no pasamos, 
que pena, tanta cama 
y llegar siempre cansados. 

Que pena 
los sueños corrientes, que nunca nos contamos 
los viajes separados, las flores en Septiembre, 
que pena haber estado 
tan pendiente de lo urgente. 

Pero, que pena 
las azucenas en la ventana 
que pena todo, que pena nada, 
que pena el oro que no brillaba 
lo que queriamos ser de grandes 
lo que volvimos enloquecidos 
tan negociables. 

Pero, que pena 
las azucenas en la ventana 
que pena todo, que pena nada, 
que pena el oro que no brillaba 
lo que queriamos ser de grandes 
lo que volvimos como cretinos 
tan negociables.

viernes, abril 19, 2013

miércoles, abril 17, 2013

REFLEXIONES DEL SETRAC


REFLEXIONES DEL SETRAC
SOBRE PARITARIAS SALARIALES
Frente al desarrollo de las paritarias en varios sectores de la economía, el Sector Trabajadores de
la Acción Católica (SETRAC), quiere compartir su reflexión respecto de aquellos principios propios
de la doctrina social que proponemos para iluminar el accionar de los distintos actores
involucrados en la negociación.
El valor del salario
El salario justo es el fruto legítimo del trabajo
1
y es el instrumento más importante para una justa
distribución de los ingresos. El trabajador tiene derecho a recibir una remuneración que le permita
fundar y mantener dignamente su familia y acceder a los bienes de la tierra. Su salario debe
guardar proporcionalidad con sus necesidades y las de su familia, permitirle cierto grado de ahorro
que le favorezca la adquisición de alguna forma de propiedad
2
y al mismo tiempo contemplar su
esfuerzo, su previa preparación y capacitación y su incidencia en el cumplimiento de los fines de la
empresa concreta en la cual trabaja.
La libertad de negociación
La libertad con que cuentan trabajadores y empleadores para acordar la cuantía del salario, en
ningún caso implica al trabajador la obligación de aceptar una situación de vulnerabilidad para él y
su familia
3
. El simple acuerdo entre el trabajador y el empleador acerca de la remuneración no es
suficiente para calificar de "justo” el salario acordado
4
. La justicia natural es superior a la libertad
del contrato. La fijación del salario no es función de uno sólo sino de varios factores, no siendo
posible aplicar una regla única a manera de tabla rasa para todos los ámbitos de la economía. Por
otra parte, la retribución del trabajo no se puede abandonar enteramente a la ley del mercado ni
fijarse arbitrariamente ni de forma unilateral. Por el contrario, al determinar el valor salarial se
debe mirar también su efectivo influjo en la producción y las condiciones económicas de la
empresa, la repercusión sobre el empleo total de las fuerzas laborales y las exigencias del bien
común nacional e internacional
5
.
La justicia social como medida en la determinación del salario
No puede regirse solamente por el principio de equivalencia del valor de los bienes que se
intercambian, sino que debe también incluir una mirada desde la justicia distributiva y la justicia
                                                         
1
S.S. Pio XI, Quadragesimo Anno, Cap. 4
2
S.S. Juan Pablo II, Laborem Exercens N° 19
3
S.S. León XIII, Rerum Novarum N° 32
4
S.S. León XIII, Rerum Novarum N° 11
5
S. S. Juan XXIII, Mater et Magistra N° 71 social
6
. En este sentido, resulta contrario a la justicia social disminuir o aumentar excesivamente
los salarios de los trabajadores, por la ambición de mayores ganancias y sin tener en cuenta el bien
común
7
. El salario debe fijarse de tal modo que haya trabajo para el mayor número y que puedan
percibir una remuneración suficiente para el sostenimiento de su vida. La exigencia de justicia en
la determinación del salario exige, además, atender a las mejoras en las condiciones de trabajo
(trabajadores que tardan 1 1/2 o mas horas sólo para llegar a su lugar de trabajo, viáticos no
contemplados en los convenios colectivos, condiciones insalubres, entre otras) y puede ser
cumplida de distintas maneras (participación en la propiedad de las empresas, reconocimiento al
trabajador de un titulo de crédito frente a las empresas en las que trabaja u otras formas de
participación en las ganancias, reconociendo la eficaz colaboración de capital y trabajo en la
generación de la riqueza)
8
La función del Estado en la negociación salarial
Es función del Estado intervenir en la regulación de salarios y condiciones de trabajo con el objeto
de compatibilizar dicho derecho con las exigencias del bien común
9
. El bien común nacional exige
dar ocupación al mayor número de trabajadores, mantener una adecuada proporción entre
salarios y precios y hacer accesibles bienes y servicios al mayor número de ciudadanos, eliminar o
contener los desequilibrios entre los distintos sectores de la economía, desarrollar una política
fiscal adecuada que favorezca la disminución del costo laboral evitando este sea soportado
injustamente por los trabajadores, realizar el equilibrio entre expansión económica  y desarrollo
de los servicios públicos esenciales, ajustar las estructuras productivas a los progresos de la ciencia
y la técnica y lograr que las mejoras en el tenor de vida de la generación presente sean tales que
preparen también un porvenir mejor a las generaciones futuras
10
.
Ponemos nuestra reflexión a los pies de nuestra Madre, la Virgen de Luján, patrona de la
Argentina y San José Obrero, patrono de los trabajadores, para que el Señor ilumine a quienes
tienen la responsabilidad de esta negociación salarial.
Buenos Aires, 12 de abril de 2013.
Sector Trabajadores de la Acción Católica Argentina
                                                         
6
S.S. Benedicto XVI, Caritas in veritate N° 35
7
S.S. Pio XI, Quadragesimo Anno N° 74
8
S.S. Juan XXIII, Mater et Magistra N° 75 y N° 77
9
S.S. Juan Pablo II, Centesimus Annus N° 7, 15
10
S.S. Juan XXIII, Mater et Magistra N° 79

viernes, abril 12, 2013

Cursos INTI







Recordatorio Próximos Cursos 

Estimada/o amiga/o
 Te recordamos por este medio los cursos próximos a comenzar mes de ABRIL agrupados por temáticas afines:

·         GESTIÓN:
o    Gestión de Emprendimientos. Inicio: día 17
o    ¿Cómo funcionan los Grupos? ¿Cómo trabajar mejor en Equipo? Inicio: día 18

·         HERRAMIENTAS PARA FACILITAR EL TRABAJO EN EQUIPO A DISTANCIA:
o   Trabajo colaborativo y documentos on line. (Elaboración de un contenido, sin reunión presencial). Inicio día 17. En esta edición, bonificación del 50% del arancel.

·         ALIMENTOS:
o    Tecnología de elaboración del Yogur. Inicio: día 17En esta edición, bonificación del 30% del arancel.
o    Analizadores Automáticos de Composición de la Leche
Inicio: día 23

·         TECNOLOGÍA Y CUIDADO DEL AMBIENTE:
o    Educación Ambiental, Cambio Climático y Tecnología. Inicio día 17En esta edición, bonificación del 50% del arancel.
o    Residuos de Óxido de Etileno. Inicio: día 9. Gratuito
o    El arte del compostaje. Inicio día 23. Edición gratuita

·         CIENCIA Y TECNOLOGÍA:
o    Redacción de Artículos de Investigación. Inicio: día 9

·         TECNOLOGÍAS DE LA INFORMACIÓN y COMUNICACIÓN (TIC´s):
o    Migración práctica al Software Libre, fecha de inicio: día 23

 CREDITO FISCAL PARA CAPACITACION
o    Videoconferencia 2 del ciclo Herramientas Financieras del Estado: MARTES 16/4 de 11 a 12 hs. (desde su PC, gratuito, con inscripción previa).

Para ver más detalle de los cursos de tu interés hacé clic aquí.
Desde ya agradeceremos la difusión entre tus contactos a quienes consideres que sea pertinente.

Cordialmente
Miguel Recondo
Coordinación de Articulación Institucional
INTI- Trabajo y Educación a Distancia.
Tel.: 4724 6200/300; Int. 6149

Becas o descuentos disponibles para Empresas socias de los Centros INTI, profesores de Escuelas Técnicas, estudiantes y profesores universitarios.

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